LATIDOS de ANNA GOSBERSEN
He disfrutado con este libro, aunque al principio me costó engancharme. La verdad, este libro he tenido que agarrarlo dos veces antes de terminármelo. Una vez fue hace tiempo, que no avancé mucho más de la página 40. Sin embargo, el libro me costó dinero, y con lo cabezona que soy, decidí darle otra oportunidad y terminármelo. Y no me arrepiento de haberlo hecho.
Al principio, la verdad, me resultó pesado. Me resultó que tenía un ritmo un tanto lento e irrelevante. Pero como escritora que soy, decidí seguir sólo porque me gustaba el estilo de narrar de la autora y me pareció que podía coger nota de ello. Así que, impulsada por esa causa, avancé en mi lectura, y a pesar de que tardó en resultarme realmente interesante, lo cierto es que ha terminado por gustarme mucho. Tanto que pienso hacerme con el resto de la saga, ya que ha dejado cabos sueltos que me intrigan.
Como he dicho, la autora escribe realmente bien. Tiene un estilo descriptivo pero no aburrido. Y la verdad tiene escenas muy buenas. Ésta por ejemplo, me resultó genial:
“—¿La han besado de verdad? —preguntó él, bajando la ceja para implicar un escepticismo aún mayor.
El hombre se inclinó hacia ella y le rozó la oreja con su aliento cálido, mientras alargaba el brazo para recuperar el sombrero. Por un momento, nada se movió. El cuerpo de él estaba tan cerca del suyo que a la joven le pareció que ya se tocaban. Y entonces, mientras retiraba con suavidad el sombrero de sus rizos, él volvió la cara lo justo para rozarle los labios con los suyos. El pecho de la muchacha subió y bajó. El contacto de su boca había sido eléctrico.
Él la miraba intensamente a los ojos, resistiéndose a sonreír del todo, y luego volvió a inclinarse para apoyar su boca en la de ella. Eso era, pensó Diana. Así debía ser. Un beso debía bajarte hasta los dedos de los pies y hacerlos bailar, solo un poquito.
Henry apartó los labios y le guiñó el ojo, mirándola con expresión de alegre complicidad. Luego se puso el sombrero y salió al vestíbulo sin decir nada más.”
La declaración de Henry para Diana también es preciosa. Las palabras que emplea me resultaron muy simpáticas y encantadoras. Aunque no lo añadiré aquí, ¡pues no quiero desenmascarar todo el encanto del libro!
Me gusta que la autora describa a sus personajes desde un enfoque original, como por ejemplo hace en este pasaje con Henry:
“Entre las mujeres de Nueva York, se rumoreaba que Henry siempre tenía a la orquesta sobornada de antemano, porque con frecuencia atacaba un vals justo cuando él necesitaba poner fin a una conversación. La orquesta empezó a tocar en ese momento, y Henry inclinó la cabeza con suavidad en dirección a Penelope, que por un momento no pudo evitar esbozar una sonrisa. Él mantuvo su intensa mirada fija en la muchacha mientras guiaba sus pasos hacia atrás, hasta que estuvieron bailando.”
Hablando de personajes, me ha encantado el contraste existente entre ellos. Todos, absolutamente todos, son diferentes entre ellos. Cada cual tiene su personalidad, y sus reacciones personales atribuidas a su distinta forma de ser. Aquello lleva a sentir preferencia o debilidad más por unos que por otros. Además, se puede decir que el libro es especial en el sentido de que no se centra sólo en uno o dos personajes como en otros. No, el libro tiene cabida para los pensamientos y los sucesos de una selección de personajes bastante amplia. Aunque, confieso que me habría gustado saber más de Will, puesto que sólo hemos podido conocerlo mediante los pensamientos, recuerdos y sentimientos de Elizabeth. Y lo poco que ha dejado entrever la autora sobre él me ha gustado mucho.
Por otro lado, Elizabeth me sacaba de quicio en el 90% de las situaciones. Me enfermaba que aparentara ser tan perfecta, tan adecuada a la buena sociedad. Había momentos en los que la odiaba por lo egoísta que era con respecto a Will. Sin embargo, también la entiendo. En aquello época, tan bien recreada por la autora, las apariencias y el deber para con la familia eran lo que sostenían aquel mundo de glamour y trajes hechos a medida. Y Elizabeth era una muñeca perfecta de aquella sociedad abrumadora, una modelo perfecta para todas las jóvenes de alta alcurnia. Y a pesar de albergar un sentimiento que se revelaba contra todo aquello, Elizabeth no puede echar por la borda con facilidad todo el camino que había recorrido para llegar a su estatus de señorita perfecta, tan admirada y alabada por toda la buena sociedad. Sobre todo cuando su familia endogámica espera mucho de ella. Sobre todo cuando toda Nueva York espera mucho de ella.
Lo cierto es que el ambiente que la autora ha creado me recordó a la serie de “Gossip Girl”, sobre todo con el toque que daban a la historia la frívola, superficial y egocéntrica de Penelope y su inseparable amigo Isaac. Penelope es la típica joven caprichosa que cree que el mundo gira en torno a ella. Y que es capaz de absolutamente todo para obtener lo que quiere, con la ayuda de su amigo Isaac. Penelope es astuta y vanidosa, pero malvada. Y no puede entender que la suerte no le sonría. Así que cuando se da esa situación, es capaz de obligar a las circunstancias a que esbocen una sonrisa para ella sea bajo el método que sea.
También es digna de mención mi personaje favorito: Diana. Me encantó su personaje, con sus ideas románticas y bohemias a partes iguales, con la peculiaridad de su viva y llameante esencia en un cuerpo apresado por corsés y reglas que ella rechaza. Diana es siempre natural y no se esfuerza tanto en guardar las apariencias como su madre y su hermana Elizabeth. Ella es fresca y jovial, vivaracha, con mucha energía y mucha luz. Es divertida y tiene una mente despierta y unos ojos pícaros. Parece rebosar siempre frescura, alegría, despreocupación, travesura y luz. Y Henry se da cuenta de ello.
Y hablando de Henry, este muchacho tan superficial y tan empeñado en huir de responsabilidades y asuntos serios, no creía que fuera a despertar tanta simpatía en mí. Es el típico joven rico y de muy buena familia al que solo le preocupa la diversión que le proporcionan la bebida y las fiestas. Por supuesto, rebosa de tanto encanto como dinero tiene y es el soltero más codiciado por todas las jóvenes damas solteras. Pero su actitud despreocupada y chulesca sufre una transformación de carácter más vulnerable con Diana.
Los personajes logran elaborar el mundo de Nueva York allá en el siglo XIX, ya que muchos personajes variados como las sirvientas, los miembros de familias antiguas aristocráticas y los nuevos ricos son los que describen la situación de la ciudad.
Para acabar, decir que la autora ha trabajado en la documentación, tal y como dictan la descripción de las calles de aquella época, tan precisa. También lo manifiestan las modas que imperaban tanto en lo referente a la arquitectura de los edificios sofisticados y propios de ricos, así como los trajes que llevaban y el conocimiento de las telas con las que los confeccionaban. La autora nos da detalles históricos, como el desfile hecho en honor del almirante George Dewey por derrotar a los españoles en el Pacífico, y le dedica unas buenas líneas a la mención los desfiles festivos que se hicieron en su honor. Además, un texto siempre acompaña el inicio de cada capítulo, en el que pequeños fragmentos hacían menciones acerca de las normas y los convencionalismos de la época.
Lo puntúo con un 8 de 10.
Lady.Rocker

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