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domingo, 12 de junio de 2011

Waiting for you





Me siento; me levanto: me miro al espejo. Estoy perfecta. Me siento; me levanto: mi reflejo ladea la cabeza, queriendo asegurarse de que está preciosa desde todos los ángulos. Me siento; me levanto: aplico un poco más de rubor a mis mejillas. ¿Te gusta, verdad? Personalmente creo que me da un aire inocente que rivaliza con mis ojos de gata. Me siento; me levanto: hablando de mis ojos, voy a delinearlos un poco más. Quiero intensificar mi mirada para cuando mirándote a los ojos te confiese que te quiero. Me siento; me levanto: decido poner brillo en mis labios. Quiero que te resulten muy apetecibles. Me siento; me levanto: miro mi cabello suelto. Está brillante, pero también lo encuentro soso. Finalmente, lo recojo en una bonita trenza. Me recuerda a una espiga de trigo dorada por el sol. Me siento; me levanto: pienso que con la camiseta que llevo tal vez me pegue mejor la americana verde caqui que tengo en el armario sin estrenar, adquirida en mi última salida de compras. Me siento; me levanto: miro por la ventana. El cielo está oscuro. Parece como si el sol se hubiera declarado en huelga. Las nubes, ennegrecidas espirales de humo, son numerosas hoy. Parece que se hubieran congregado en una manifestación que acusara al sol de su ineficacia. Si es así, me uno a ellas. Hoy tiene que ser un día perfecto. Incluso climatológicamente hablando. Me siento; me levanto: los nervios comienzan a destrozarme. Miro el reloj y lo declaro oficialmente mi enemigo cuando descubro que marca una hora que despierta mi irritación. Tres cuartos de hora han pasado desde la hora acordada. Me siento; me levanto: el teléfono tiembla en mis manos. Siento el cosquilleo de mis dedos, que luchan por llamarlo y al mismo tiempo se resisten de hacerlo. No quiero resultar pesada, evidente o impaciente. Me siento; me levanto: nuevamente el reloj con malas noticias. Una hora ya. Me siento; me levanto: me siento indignada, abandonada, enojada y estúpida. Me siento; me levanto: la preocupación barre los sentimientos anteriores. La posibilidad de algo trágico se abre paso en mi mente, tocando una campana de alarma. ¿Y sí…, y sí…, y sí…, y sí…? No quiero pensarlo. Dios. Estoy histérica. Me siento; me levanto: finalmente me rindo a la tentación y espero respuesta al otro lado del teléfono. Un tono. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Nada. Tropecientas llamadas más infructuosas. Psé. Incomunicación absoluta. Me siento; me levanto: confusa, histérica y descontrolada, se me cruza un pensamiento horrible: “Más vale que tenga una excusa del calibre de ‘muerte’ para justificar esta mierda”. Me levanto; me acuesto: mañana me arrepentiré de mis palabras.



By: Lady.Rocker


domingo, 8 de mayo de 2011

En la lejanía...




    Las pestañas pesan, las pestañas duelen. De ellas penden recuerdos que bailan ante mi mirada, y yo cierro mis ojos, creyendo hacerlos desaparecer. Pero, Oh, mente traicionera. La lobreguez de sus ojos me acecha, emergiendo desde el recóndito más apartado de mi mente. Una vez los encerré allí, pero parece que no fue suficiente para que hoy no brillen en su oscuridad entre mis recuerdos. Escucho mi nombre de sus labios en susurros que trepan por el laberinto que forman los pliegues de mi oreja. Envuelta en la turbia neblina de mis memorias, evocó su castillo, resplandeciendo sus sólidas paredes con la azulada luz de la noche. Oh, fue en los corredores lúgubres de aquella fortificación donde descubrí el sabor de un beso, y dónde también aprendí de la impiedad del eco irrefrenable de un recuerdo feliz, que va desprendiéndose del yugo de la verosimilitud y tiñéndose de fantasía.
  


By: Lady.Rocker

jueves, 28 de abril de 2011

OSCURA TENTACIÓN ♥




Soy feo. Soy horrible. Soy un monstruo. No tengo espejos en mi castillo, los he prohibido. Odio esas superficies despiadadas que me muestran lo que yo trato de olvidar. Hace ya tiempo me deshice de todo reflejo, sumergiéndome en una lucha sin tregua, rasgando, despedazando, descuartizando, descomponiendo. El enemigo era yo, devolviéndome una mirada burlona que se encargó de recordarme cuán horrendo era. Insoportable. Desde todo ángulo insoportable.

 Mi vajilla es de porcelana, y no de oro o de plata como corresponderían a la grandiosidad de mi ascendencia. No puedo soportar siquiera ver relucir un destello de mis ojos desorbitados, demasiado grandes, demasiado bestiales, demasiado inhumanos, desprovistos de cordialidad. Siempre inyectados en sangre, en busca de una forma hermosa que haga olvidarme de mi propia monstruosidad. Y encontré lo más bello. Oh, vaya que sí lo encontré.

 Clarissa se llama ella. Me prendó con sus ondas azabache, que bailaban en un vals sofisticado sobre sus aristocráticos hombros, enmarcando un celestial rostro que capturaba el cielo en sus irises. Sus pestañas perfilaban sueños románticos, tal vez evocando un apuesto príncipe que se abriera camino hasta ella valiéndose de su espada y de su coraje. Sus labios, rojos y tan llenos, tan rebosantes de pasión dormida, me visitaban en mis mejores ensueños. Cuando la noche era tan espesa y cómplice que se prestaba a ayudarme en mi sigilo y camuflaje, me atrevía a admirarla más de cerca. Me recreaba en la largura curva de sus espesas pestañas, aquellas que sabía que custodiaban aquella mirada que tanto deseaba que se posase en mí y descubriese belleza en mí, una hermosura que fuera tangible y que no existiese solo de mi mero anhelo. También admiraba la blancura y aparente suavidad de la que hacía alarde su piel, ligeramente resplandeciente por el halo de la luna. Me demoré en la exuberancia del inicio de sus pechos, que asomaban por un sencillo escote de una prenda liviana e impoluta. Mis manos ardieron en deseos de acariciarla, e inconscientes, se encaminaron hacia su perfección, anhelantes por rozar el paraíso que emanaba de sus perfectas formas de mujer. Sólo que no eran manos. Eran sucias y bestiales garras, de uñas tan largas y puntiagudas que harían de mi anhelante caricia un brutal contacto. Mirándome las manos, tuve ganas de abofetearme por mi estupidez. Las lágrimas se agolparon en mis ojos cuando recobré la cordura. ¿Cómo iba a haber esperanza para un ángel y un príncipe deforme?










By: Lady.Rocker